La formación Milladoiro nace del título de un trabajo publicado en 1978 con su mismo nombre. Un grupo que se va fraguando años antes con los encuentros de los integrantes de aquel momento en romerías, fiestas y teatros.
Milladoiro es la suma del grupo “Faiscas do Xiabre” (Xosé V. Ferreiros, Fernando Casal, Ramón García Rei) y Rodrigo Romani y Antón Seoane, impulsores del grupo y entregados en aquel momento a la recuperación de instrumentos medievales como la zanfona, la cítola, el freíosle o la ocarina.
Posteriormente se une Xosé A. Méndez.
Milladoiro se forma en torno a una cultura ancestral y la canción celta: comparten la tradición de Os gaiteiros, Os campaneiros y la influencia de grupos y solistas anteriores y contemporáneos a los últimos años de los 70. Por la formación han pasado varios integrantes durante casi tres décadas pero es en el 2000 cuando se da el relevo en el grupo de Rodrigo Romaní.
Actualmente Milladoiro son: Xosé V. Ferreirós (gaitas, oboe, mandolina, pandereta, bouzouki y voz), Nando Casal (gaitas, clarinete, pandereta y voz),
Antón Seoane (teclados, guitarra, viola, acordeón i voz), Xosé A. F. Méndez (flautas), Moncho García (percusión i voz), Roi Casal (arpa, bouzouki, ocarina y pandereta), Harry. C (violín), Manú Conde (guitarra, bouzouki).
Su versatilidad para trabajos como grupo y para participar en otras producciones y colaboraciones les sirvió para ganar el Goya en 1986 por la BSO de la película “La mitad del cielo”. Con diversos premios y reconocimientos oficiales de la Xunta de Galicia (en 2004 Premio Castelao) y otras organizaciones este grupo es uno de los embajadores de Galicia por el mundo.
Entre sus producciones propias encontramos “A Galicia de Maeloc”, “O Berro seco”, “Milladoiro 3”, “Galicia no pais das maravillas”, “Divinas palabras”, “A Vía Lactea”, “No confin dos verdes castros”, “Adobrica Suite” o “Milladoiro 25” entre otros.
Milladoiro trae al IX Festival del Millenni la música celta más
auténtica.
Sonidos y ritmos del “finis terra” en la orilla del Mediterráneo.
Para que narrar lo ya sabido,
Para que hablar de lo tantas veces repetido,
Para que dar palabras al tiempo ya vivido
(Prov. Sufi)
“A finales del año 77, Milladoiro era un sueño entre
la pasión y la esperanza”
Tiempos de necesidad y urgencia, dados a pensar que gran
parte de nuestra cultura tradicional: música, cantos, bailes,
instrumentos, etc., estaban en peligro de extinción.
El azar, o tal vez el destino, hizo que nos conociéramos en
Santiago, mediados los años 70.
Éramos jóvenes y jóvenes en cierta manera seguimos; no renunciamos
ni a la pasión ni a la esperanza; aún no es tiempo.
“Después, Milladoiro, fue creciendo, como una espiral buscando
una estética y una etiqueta dentro de un país supuestamente
recuperado”
Teníamos que intentarlo, al fin y al cabo, la letra de nuestro
himno hace un llamado a ser “bos e xenerosos”; seguimos aprendiendo
de tanto equivocarnos.
“Quiso Milladoiro, con los años, ser un árbol de mil hojas
y así nos adentramos en la patina de pentagramas de luces,
colores y sombras”
Tiempo de vorágine; al mismo tiempo podíamos aportar nuestro
granito al resurgimiento de las pandereteiras tradicionales,
como hacíamos música para el cine, exposiciones, como la antológica
de Maruja Mallo, le poníamos banda sonora a Compostela o,
por fin, nos adentrábamos en una obra de tintes clásicos con
The English Chamber Orchestra
“Con el tiempo ya pasado, buscamos seguir la frescura del
canto del agua siempre viva”
Toda propuesta musical es libre y por tanto buena y saludable,
pero nuestro norte, nos sigue llevando a la tradición, sin
ella no hay nada, se llame postmodernidad, reinterpretación,
fusión, reelaboración, etc.
Los pequeños países periféricos los sabemos bien, tal y como
decía Castelao: “Un pueblo que olvida su tradición esta condenado
a desaparecer”.
“Treinta años después, Milladoiro sigue siendo un sueño entre
la pasión y la esperanza, un sueño que soñamos juntos cuando,
parafraseando a Bob Dylan, los tiempos estaban cambiando y
se había llegado, por fin, al finisterre de la “larga noche
de piedra” |